Pages Navigation Menu

Calorías del vino en la etiqueta: ¿problema o utilidad?

bottiglie-vino-pe-labellers

La Unión Europea establece nuevas restricciones para el consumo de alcohol; a partir de 2016 será obligatorio que las etiquetas de todas las bebidas alcohólicas a la venta, incluyendo el vino, lleven una serie de datos nuevos para el consumidor.

Tras meses de discusiones y amplios debates sobre el tema, la situación podría desbloquearse pronto para dar vida a una auténtica revolución para el sector.

¿En qué consiste en concreto esta disposición?

Al igual que los demás alimentos en venta en las estanterías, las bebidas alcohólicas deberán indicar en el envase sus ingredientes, calorías y valores nutricionales. Y esto no es todo. Hace unas semanas la Comisión Salud Europea ratificó la necesidad de que en las etiquetas y en los envases aparezcan indicados además los peligros relacionados con el consumo de alcohol, sobre todo para mujeres embarazadas y automovilistas.

Una batalla en nombre de la transparencia, pero también de la salud pública. Según el comisario europeo para la seguridad alimentaria, Vytenis Andriukaitis, el lobby de la industria alcoholera es “indiferente” a la alta mortalidad juvenil causada por el abuso de bebidas alcohólicas.

A las palabras del político lituano hicieron eco las de la BEUC, organización europea para la defensa de los consumidores, según la cual los consumidores deben poder tener una dieta balanceada para controlar su salud, y para hacerlo es imprescindible conocer el aporte calórico de todo lo que se ingiere en las comidas.

Dichas propuestas, sobra decirlo, han desencadenado un auténtico avispero de polémicas entre los productores de bebidas. Muchos, y sobre todo las casas vinícolas, temen que la nueva normativa pueda comportar serias repercusiones en los costes de producción, además de una creciente desinformación entre los clientes en términos de calidad del producto.

A diferencia de muchas bebidas alcohólicas en el mercado, producidas y envasadas conforme a un proceso netamente industrial, el vino deriva de una meticulosa obra de artesanado. Cada nueva vendimia puede hacer que un mismo vino pueda tener características técnicas y nutricionales diferentes de las de las temporadas anteriores, por lo que los productores tendrían que pensar cada año en etiquetas distintas en varios idiomas para cada uno de sus vinos.

Un enorme derroche en términos de tiempo y dinero, al cual se añadirían una serie de ambigüedades vinculadas con la información, con los criterios de selección y con la opinión sobre un vino, ya que muchos podrían evaluar la calidad basándose exclusivamente en el contenido calórico.

Los tonos del debate permanecen encendidos aunque, en espera de progresos, recientemente se han tomado en cuenta algunas contrapropuestas interesantes, entre las cuales el uso de Internet. Para evitar introducir engorrosas tablas en las etiquetas de los vinos, los productores podrían incluir cada vez las fichas técnicas de los productos en los respectivos sitios web, para que quien lo desee pueda consultarlas fácilmente.