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Helado de calidad: cómo reconocerlo

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Ya sea en un crujiente cono de oblea o en una copa de color, el helado es siempre un producto imprescindible para quienes les gusta concederse un refrigerio fresco y sabroso. Mejor aún si ha sido elaborado artesanalmente con métodos naturales y materias primas de calidad, sin la adición de conservantes ni colorantes.

Desgraciadamente, sin embargo, no siempre la oferta es sinónimo de sabor y autenticidad. ¿Cómo podemos reconocer entonces el verdadero helado artesanal de calidad?

Ya a primera vista se pueden percibir varias características sobre el producto y su vendedor. La primera, obviamente, es el color: cuando los tonos de los diferentes sabores son excesivamente llamativos es fácil intuir un uso considerable de colorantes en la preparación.

Otros elementos que deben llamar de inmediato nuestra atención son, sin duda, el tipo y la cantidad de sabores disponibles. Cuando una heladería propone muchos helados y siempre iguales, sin cambios estacionales, la duda que se plantea es que puedan haber sido elaborados con la ayuda de semielaborados y productos liofilizados.

En cuanto a la comunicación con el cliente, en las heladerías con frecuencia se abusa de etiquetas como “artesanal” o “natural” para calificar los propios productos pero sin dar la posibilidad al cliente de comprobarlo. La única forma para disponer de información fehaciente sobre el helado que estamos comiendo es consultar la ficha de alérgenos y la lista de ingredientes. Dos documentos que nunca pueden faltar en una tienda.

En definitiva, pueden encontrarse muchos helados buenos, pero hay que saber reconocerlos. Como ocurre en cualquier otra actividad artesanal, la sombra del marketing y de los productos industrializados está siempre a la vuelta de la esquina. Sin embargo, si el cliente se acostumbra a informarse y comparar los diferentes productos presentes en el mercado, esta amenaza puede eliminarse fácilmente.