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Infecciones alimentarias en verano: cómo prevenirlas

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Cada año, con la llegada del verano, el riesgo de contraer trastornos gastrointestinales aumenta sensiblemente. Y esto es así debido a numerosos factores que menoscaban nuestros hábitos alimentarios.

De hecho, la dieta de verano se caracteriza por un mayor consumo de platos fríos a base de carne y pescado crudos (o apenas sancochados) o bien de verduras recién cocidas y otros alimentos no desinfectados, cocidos o conservados con las debidas precauciones como ocurre con determinados alimentos embutidos o industriales.

En un decálogo reciente difundido en los periódicos nacionales, la Codacons (Coordinamento delle Associazioni per la Difesa dell’Ambiente e dei Diritti degli Utenti e dei Consumatori [Coordinación de las Asociaciones para la Defensa del Medio Ambiente y los Derechos de los usuarios y de los consumidores] aconseja prestar la máxima atención a las fechas de caducidad, al estado de conservación de los alimentos y a las condiciones higiénicas de tiendas, bares, quioscos, restaurantes y de cualquier otros ambiente de este sector.

La guía de la asociación para la protección de los consumidores recoge una serie de medidas simples que nos ayudarán a prevenir eficazmente los diferentes tipos de infecciones alimentarias. Se trata de un vademécum valioso, sobre todo en el periodo de las vacaciones cuando solemos comer fuera en locales que desconocemos.

Entre los puntos principales de esta lista de consejos, recordamos:

  • En el restaurante, hay que desconfiar de los carros con alimentos fríos dejados durante largo tiempo fuera de la nevera como gelatinas, huevos, cremas, mayonesa y salsas en general.
  • Cuando se compran productos congelados en el supermercado, controle que no haya escarcha en el envase congelado, ya que es una señal de una mala conservación.
  • Controle en la etiqueta la fecha de caducidad no solo de los alimentos, sino también de las bebidas. Evite el agua y las bebidas dejadas expuestas al sol.
  • Compruebe la presencia de hinchazones en los envases de productos como leche, cremas, alimentos en bandeja cortados en lonchas, etc.
  • Compre el pescado y el marisco solo a vendedores de confianza. Compruebe su caducidad consultando la oportuna etiqueta y consérvelos en la nevera como máximo durante 4 días.
  • Desconfíe de los vendedores que tocan alimentos con las manos o sirven bebidas asiendo los vasos por la parte superior.

No compre productos de conservación breve en tenderetes y puestos ambulantes que carezcan de las cámaras frigoríficas adecuadas.