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Aceite de palma: debate abierto entre salud y sustenibilidad

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Presente en la mayoría de los productos que utilizamos a diario, en el último año el aceite de palma ha dado origen a un enorme debate sobre su uso creciente y sobre los daños que este ingrediente podría causar a la salud y al medio ambiente.

La cuestión ha cogido una mayor visibilidad desde el 13 de diciembre del año pasado cuando las leyes europeas han impuesto declarar explícitamente los ingredientes en las etiquetas de alimentos y cosméticos: de esta manera, millones de consumidores han descubierto que detrás de la vaga mención “aceites y grasas vegetales” se escondía un amplio porcentaje de aceite de palma, un ingrediente que se ha acusado varias veces de aumentar los niveles de colesterol y de elevar los riesgos de cardiopatía coronaria.

Aun siendo de origen vegetal, el aceite de palma es uno que posee características atípicas. De hecho, su composición química lo hace muy parecido a la mantequilla, alimento que sustituye en muchas preparaciones industriales tras el endurecimiento de las normativas de la OMS sobre grasas hidrogenadas como las margarinas. A diferencia del que se obtiene de aceitunas y del girasol, este aceite es sólido, insípido, no se vuelve rancio y resiste mejor a las temperaturas. Y sobre todo, se halla en el comercio en dosis masivas a precios mucho más económicos.

Estos rasgos han hecho que el consumidor esté en estrecho contacto con el aceite de palma durante todo el día: al lavar la ropa y enjaguarse las manos con el jabón o al lavarse los dientes, y también al colocar la rebanada de pan en la tostadora, al tomar helado frente a la televisión o al comer galletas y cereales con la leche.

El aceite de palma también se halla en el centro de duras críticas por su impacto ambiental: la transformación de bosques enteros en plantaciones de aceite de palma, lograda mediante la propagación continua de incendios, ha hecho que los territorios de Indonesia, Malasia y Singapur estén cubiertos por una constante capa de niebla tóxica.

Estos eventos dramáticos han llevado a una creciente campaña de sensibilización acerca del uso de esta sustancia. Afortunadamente, parece que la inversión de tendencia se está arraigando en varias empresas y cadenas de supermercados que ya han quitado esta grasa tropical de sus productos y estanterías, o por lo menos, regulado su uso.

Empresas como Barilla, Ikea y Heinz han implementado el uso de aceite de palma sostenible y certificado. En especial, Heinz certifica la sostenibilidad de las fuentes adhiriendo a la Roundtable on Suistainable Palm Oil, asociación sin fines de lucro que reúne a todas las partes involucradas, desde los productores hasta los manufactureros, comerciantes y minoristas de aceite de palma, para disciplinar y proteger las normas internacionales para el uso de productos sostenibles.