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Luces y sombras del Reglamento UE 1169/2011 en materia de etiquetado de alimentos

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El nuevo reglamento UE 1169/2011 en materia de etiquetado de alimentos ha aportado mejoras y garantías para el consumidor, pero entre los numerosos cambios positivos, quedan algunas sombras.

El reglamento no facilita la importación; es más, desde un cierto punto de vista, la complica. La posibilidad para cada país de implementar disposiciones adicionales para aplicar en su territorio obstaculiza la circulación de la mercancía en el mercado interno y crea confusión entre los consumidores: basta pensar en los distintos esquemas nutricionales adoptados en los diferentes países, que varían tanto en la expresión gráfica como en los métodos de cálculo.

Se ha perdido asimismo la oportunidad de establecer una obligación de indicación del lugar de producción en la etiqueta: de esta forma las industrias y los gigantes de la distribución pueden deslocalizar la producción y el suministro al extranjero sin informar a los consumidores.

Un tema bastante actual, en miras de la Expo Milán 2015, tiene que ver con la obligación para los restaurantes y locales públicos de informar al consumidor sobre la presencia de alérgenos en los productos. Dentro de poco llegarán a Italia millones de visitantes del mundo entero y habrá que precisar en cada propuesta del menú los alérgenos específicos que pueden estar presentes. Actualmente es suficiente exponer un aviso general con la lista de los alérgenos establecidos en el reglamento, para cumplir con la norma, sin necesidad de tener en cuenta las prácticas higiénicas ni la formación del personal para impedir el riesgo de contaminación.

En lo que a las mejoras respecta, merece la pena mencionar la introducción de la obligación de especificar los tipos de aceites y grasas empleados, y el nuevo artículo 8, con base en el cual el responsable de la exactitud y veracidad de la información presente en la etiqueta pasa a ser el importador.