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Hacia la nueva frontera del mundo de “’Internet of Packaging”

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¿Cuántos de nosotros, en todos estos años, hemos tratado de imaginar cómo serán las compras del futuro?

Entre etiquetas interactivas, informaciones multimedia sobre la cadena productiva y conexiones directas con las empresas productoras, todo lo que hasta hoy parecía un escenario de fantaciencia podría convertirse muy pronto en realidad.

“Internet of Packaging”, los “big data”, la nube y las tecnologías relacionadas con las costumbres de los clientes, están ocupando un espacio siempre más importante en las estrategias corporativas para crear nuevas oportunidades de ganancia. El mercado del envasado y de los embalajes alimentarios es sin dudas uno de los que mejor encaja con esta nueva concepción de contacto empresa-cliente a través de los mecanismos de la Red.

Gracias a las notables inversiones realizadas por las principales marcas del sector, estos embalajes funcionales aprovechan el creciente desarrollo tecnológico a través de tres enfoques diferentes:

Embalajes activos – Este tipo de embalaje avanzado interacciona con el ambiente que lo rodea absorbiendo las sustancias perjudiciales y favoreciendo así el mantenimiento y la seguridad de los productos y de los alimentos.

Embalajes inteligentes – Un puente directo entre el productor y el consumidor que suministra indicaciones sobre el estado de conservación de los alimentos y las peculiaridades de los diversos productos. Además, el usuario puede contar con información y servicios adicionales a través de los “Big data” y la nube (además de los sensores como Bluetooth y NFC).

Smart packaging – Este embalaje quiere ser un valioso aleado del usuario en la fase de consumo del producto. Por ejemplo, son siempre más los tipos de envolturas innovadoras capaces de desarrollar calor para calentar alimentos y bebidas o capaces de expulsar la excedencia de vapor después de la cocción.

Usando sensores de diverso tipo y códigos QR, será posible disminuir en gran medida el derroche alimentario y el porcentaje de alimento que se deteriora dentro del refrigerador, mientras los centros de la gran distribución podrán controlar, paso a paso, la calidad y frescura de los alimentos antes de que lleguen a las estanterías de los puntos de venta.